Desde mi infancia, siempre le atribuí un respeto especial a los trovadores y repentistas. Esta añeja afición, viene de esos ratos en que mi padre, cantante trovador, de pueblo, no de teatros ni de cine, sino de los que en los tiempos de "Mamá Seré"cantaban a las mujeres debajo de su ventana, o de los que con un grupo de amigos se reunían en el patio de la casa, con unas masitas de puerco, yuca y una botella de ron para compartir sus canciones. Desde antes de 1959, me sentaba en sus piernas, para que escuchara el sonido patrón de las claves, de las guitarras y el contrapunteo del Laúd o el Tres que sentía como me llegaba al corazón. A su lado, y desde una pequeña radio, sobre la que en algunas ocasiones, teníamos que atizar sobre su armazón, con un golpe seco, como el que se le da al bongó para hacerlo sonar, porque, el pobrecillo se quedaba sin habla, en más de una ocasión. Por su bocinilla afónica, escuchamos, del punto cubano, los versos más populares; las rimas y las leyendas más hermosas, que se le puede dedicar a un ser humano, a la vida cotidiana, los sucesos o a la naturaleza. Sus interpretes fueron varios, y no pretendo enumerarlos aquí, porque abundan los libros y artículos en Internet, para enterarse de quienes fueron los principales hacedores del repentismo en Cuba.
Sin embargo, sí voy a retomar el nombre de uno de estos trovadores, al cual, siempre admiré. Pienso que siempre que se hable de la poesía donde se ponga el humor nuestro, el del pueblo cubano, no se puede dejar de mencionar a Cipriano Isidrón Torres, conocido artísticamente como <Chanito Isidrón>.

Chanito Isidrón, nació en Calabazar de Sagua, el 26 de septiembre de 1903, dos meses mayor que mi padre. Falleció en la Habana el 22 de julio de 1987. Llegó a los planos populares, participó en programas de la radio y la televisión, era prácticamente imposible que mi padre, tan amante al Punto Cubano, dejara de oír a Chanito Isidrón.
MI 75 ANIVERSARIO
Ya inició el último cuarto
de siglo de haber nacido
y mi madre haber sufrido
el ¡ay! del último parto.
Si lo olvido reparto
en etapas prudenciales
son tres las más esenciales,
y la final será ésta
que coronará mi testa
con las nieves invernales.
Y yo, Cipriano Isidrón -
quizás si mi nombre asombre,
porque quien me puso el nombre
no me tuvo compasión.
Pero hay una explicación
por muchos desconocida
y es que mi madre querida
que se llamaba Cipriana,
años cumplió la mañana
en que me trajo a la vida.
Por esa causa al chiquito
denominaron Cipriano;
el Cipriano bajó a Chano
y Chano vino a Chanito.
Muchas manos han escrito:
“Señores Chano y Sidrón”,
figurándose que son dos,
como Diana y Apolo,
sin saber que es uno solo
largo, flaco y narizón.
Y no me equivoco. Ya estoy
en el momento supremo
de la vida y no le temo
si el último tumbo doy.
¿La tumba me llama? Voy
con mi modesto equipaje
a realizar ese viaje
de precisión absoluta
y con la hoja de ruta
en el bolsillo del traje.
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