¡Bienvenido a Cuba en el Tiempo!

Mi interés por mantenerme al corriente con la cultura cubana, nuestra cultura, ha motivado que abriera este blog. Busco, el diálogo cultural en general,y en lo particular, lo que seamos capaces de crear: anécdotas, historias, refranes, música, baile, fotos, artículos, en fin, se acepta todo aquello que tenga que ver con nuestra cultura, con nuestra identidad e idiosincrasia cubana. Pretendemos, viajar con nuestros coterráneos y con los amantes sinceros a la cultura de nuestra tierra, desde lo más antiguo hasta la actualidad. Esperando, que muchos les motive este viaje por Cuba en el Tiempo, de corazón… Les doy la Bienvenida.
Germán A. Portal Depestre
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viernes, 2 de julio de 2010

MIRADA RETROSPECTIVA (1947-1959)

Nací en una población, año séptimo del cuarenta, saquen ustedes la cuenta, cincuenta y nueve tengo cumplido, si vivir tiene sentido, y mi cuenta es correcta, el que viene cumpliré los sesenta, que serán bien recibidos. Esta historia que les cuento, llega en esos momentos, henchidos de lucidez, y en la que por primera vez, me atrevo a escribir tanto: de mi vida, los quebrantos, las dichas y las emociones, y de todas las intenciones, que llenaron mi firmamento.

Decidido a contar mi historia, espero que mi retentiva, añejada y efusiva no esté dispuesta a fallar, porque les quiero narrar con mirada retrospectiva, esta historia exclusiva, con sus verdades notorias. No soy un hombre locuaz, cuando en público me hallo, ante lo desconocido me callo, y eso tal vez, quizás, sea un punto a denotar en las faltas de redacción, por las que pido perdón y, gracias también he de dar, a los que con buena intención apliquen su corrección a esta sencilla memoria.

Contrasta mi vocación, con el arte de escribir y, por mucho de mí insistir en las faltas de ortografía, estos son los dichosos días, en que no las he podido de evitar. No obstante, ante este agravante, dicen que escribir bastante y con sencillez, es la mejor opción para darle validez a una auténtica narración.

El pueblo que les iba, hace un rato contando aquí, hoy en día es municipio y se llama Camajuaní. Eso lo he dicho otras veces, pero por mucho que lo diga, es mi pueblo una loriga, donde vencí al hambre con creces. Mi pueblo, también se merece, que lo mencione ha cada instante, porque ha sido vigilante, de mis pasos de gigante. En este distrito nací: en un barrio de campesinos, de obreros, y para ser sincero, con muy poca instrucción, porque, eso que por otro lado le llaman educación, sin ninguna ostentación, yo ya iba sobrado. Aun me llena y consuela, los consejos de mi abuela, cuando la instrucción diferenciaba, y sobre ella destacaba, la educación familiar, decía: que solo había una, la de cuna. De modo particular, a la nuestra se refería, y recuerdo que me decía ¡Empínate mi nieto! Se sencillo, se discreto, mira siempre a la distancia, pisa firme, sin arrogancia, con la cabeza alta y derecho! Que te espera un largo trecho, para conocer la vida.

Razones no le faltaron a mi querida veterana, pues desde aquella mañana, que ella me dio el consejo, veía lo que desde lejos se nos avecinaba. Mi madre en sus piernas me sentó, cuando tenía cinco años, los latidos del corazón eran muy extraños, y de sus lágrimas filtré, por qué de ella me separé, hacia un lugar tan lejano. A la Habana me llevaron, porque mis padres me contaron, que allá en la capital, estaba el sitio ideal, para poder encontrar, lo que ellos no me habían dado.

Recuerdo que era de noche, y vi en la puerta un coche con su alargada silueta. Era un Cadillac, con su motor reposando, no ocultaba sus detalles a los vecinos que en la calle junto a él se arremolinaban, mientras, de él se bajaban, los que lo estaban ocupando: era mi hermana y su esposo, ella negra, de baja estatura, de pelo negro sedoso y su llamativa figura, por cierto... bien perfilada; los tres hacían que las miradas, se movieran de un lado a otro. Él un hombre blanco, alto, rubio, vistoso, que por lo visto le gustaba, vestirse bastante bien, y en esos momentos posaba, con un traje de Dril Cien, que en aquellos tiempos se usaba.

Fueron momentos novedosos, sobre todo para los chismosos, pues a pesar de saber, que coches como aquel existían, algunos de ellos insistían, en saber, por qué, fue a parar allí, a un barrio, para la plebe mugroso, aquel carro tan portentoso. El tiempo fue pasando, y aquel coche en la calle, con sus lujos y sus detalles, varios metros ocupando. Las gentes se fueron marchando, y nos fuimos quedando la familia solamente. Besos y mimos nos seguimos dando, hasta que de repente, llegó la conversación que mi madre estaba esperando.

-¡Bien! Hablemos del caso Nena -alto, sin tapujos, sin pena, se dirigió mi madre a mi hermana.

-Me llevo al niño mamá, me lo llevo para la Habana -respondió sin más mi hermana.

-¿Cuando te vas?

-Mañana -y no se dijeron al respecto nada más, al menos que yo escuchara.

Dos muda de ropa junté, los zapatos: los puestos, y con mi hermana dispuesto, hacia el Oeste marché. Pronto sentí la nostalgia, y el calor de mis padres, las caricias de mi madre, que nunca podré olvidar. No me pude acostumbrar, al bullicio de las gentes, así es que de repente, un maravilloso día, al ver que me entristecía, porque apenas ni comía, mi hermana y su marido, ya se habían comprometido, en tomar la decisión, de devolverme a mi nido.

El cincuenta y siete concluyó, antes de la revolución, algo estirado y flacuchón, y con siete años simplemente, entonces me veían las gentes, caminar de una punta a otra, con un cajón de limpiabotas, que pesaba más que yo. Con él me ganaba el pan, honradamente, sin mentiras, sobre el suelo arrodillado, ya me había acostumbrado, a dar agua tinta y betún, y a mover de lado a lado, el paño y el cepillo, hasta dejar con justo brillo, los zapatos de los personajes, las familias de alto linaje, a sus mujeres y a los mozos, que me miraban con indiferencia, como si mi presencia, no fuese de buen recibo, aun así, nunca di un motivo, para que me ofendieran, y vieran en mi, donde pudieran, el símbolo de simpatía, que por mi sangre corría.

Llegó el año mil novecientos cincuenta y nueve, y yo no sabía leer ni escribir, pero tengo que decir, un refrán muy popular que siempre llevo conmigo: "un buen amigo es algo muy difícil de encontrar, pero cuando lo tenemos, lo debemos conservar". Llevaban por bisturí un cuaderno, farolas por lumbreras, fueron extirpando cegueras, que la ignorancia había dejado. Me llené de luz e ilusión porque una vez alfabetizado, pude mirar hacia aquellos lados que para mi estaban vetados.

(Continuará...Mirada Retrospectiva: 1959-1974)


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