UN SON PARA LA MUJER CUBANA
Mujer cubana, teñida del color canela,
negra, infusión de azúcar, café, tabaco y ron,
baila conmigo ese sabroso son,
que un cubano criollo siempre anhela.
Son, engendrado por el montuno,
el que florece en tu vientre fecundo,
ese que al bailar por todo el mundo,
dejas marcado con amor profundo,
que como él no hay ninguno.
Son, de tus guajiros y de los poblanos
de esos que al verte revolotear
hacen con fuerza vibrar
las claves, tres, maracas y bongó
entre sus mágicas manos.
Son, así seducido por tu andar,
son, así estimulado por el batir tu cintura,
y son, así alimentado con la dulzura,
de la savia de tu voz armoniosa, al canturrear.
Son rural, son urbano,
son campesino, son tradicional,
son, que para mi es igual,
porque sigue siendo uno,
son finalmente cubano.
Dicen que en la década del treinta,
fue entre los géneros musicales
rebasando los límites nacionales
impulsando la riqueza de su sazón
se supo encaminar el son
hacia los planos más populares.
Cruzó ríos, espacios y mares,
para mitigar sus pesares,
como cual divino tesoro,
interpretado por los Matamoros,
Barroso, Piñeiro, Cuní, Chapotín,
y para completar el fortín,
del son con sus grandes genios,
se suma María Teresa, Arsenio,
y a nuestro Bárbaro del Ritmo
el inolvidable Beny Moré.
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