"Camilo y Estrella" o "Amores Montaraces"
(Primera Parte: 1-40)
Chanito Isidrón, escribió decímas preciosas, ya lo hemos comentados otras veces, unas escritas con jocosidad y otras no tanto. Dentro de las obras que nos dan la sensación de respirar aires añejos de la campiña cubana, está la de "Carmilo y Estrella" o Amores Montaraces", en ella no solo se describe el trabajo diario de monteros, amos y capataces de tierra adentro, también, hayamos el amor entre dos jóvenes cuyos nombres tomó Chanito para titular su novela. Está escrita en 122 décimas, una verdadera joya de este distinguido repentista cubano que merece la pena leer y que hoy dejo en sus manos:
1
Un campo maravilloso,Lindo sol que reverbera,
Sublime brisa campera,
Cielo azul y suelo hermoso.
Un valle verde y gracioso,
Una montaña intrincada,
Una límpida cañada
Y una espléndida vivienda,
Todo eso es la gran hacienda
De don Patricio Moncada.
2
Tiene el viejo don Patricio
Una posición que encanta,
Lugar donde se levanta
Un señorial edificio.
Enemigo del bullicio
Emigró de la ciudad,
Y en aquella soledad
Cómodamente instalado
Cuidaba de su ganado
Y de su gran heredad.
3
A pesar de poseer
Un Packard negro, cerrado,
Montar su potro dorado
Constituye su placer,
En el que suele correr
Detrás de la vaquería.
Y su señora María
Arrogante lo requiere
Al ver que su esposo quiere
Ser un joven todavía.
4
Con tres o cuatro peones
Y competentes monteros
Revuelve de los potreros
Los más remotos rincones.
Inspecciona los cuartones
Donde está la novillada,
Y por la fértil aguada
Cautelosamente pasa
Hasta volver a su casa,
Que es de todos respetada.
5
Como que aquel edificio
Domina desde la loma,
Doña María se asoma
Esperando a don Patricio.
Y bajo un cedro novicio
Espera impaciente Estrella,
Única hija de aquella
Unión firme y hacendosa;
Ella, joven virtuosa
Y exquisitamente bella.
6
Por el lado de la hermosa
Pasan algunos peones
Sintiendo en sus corazones
Amor, o no sé qué cosa.
Pero Camilo Espinosa,
Que es uno de los monteros,
Se demora en los potreros
Atracando a unos novillos,
Remendando los portillos
Y curando unos terneros.
7
Don Patricio a la carrera
Llega a su hogar, se desmonta,
Y con actitud muy pronta
Abraza a su compañera.
Estrellita sola espera
Con cierta preocupación,
Desde el cedro atención
Pone el padre que ha llegado,
Con gesto delicado
Le pide la bendición.
8
Don Patricio, de seguida
Entra, como de costumbre,
Y a su voz la servidumbre
Muestra la mesa enseguida.
Toda la gente reunida
Se sienta para almorzar,
Y ya casi al comenzar
Moncada dice intranquilo:
“Esperemos por Camilo,
Que debe estar al llegar.”
9
Camilo, que terminó
La tarea encomendada,
A la casa de Moncada
Contento se dirigió.
En el camino cortó
Una flor fragante y bella,
Siguió, y al hallar a Estrella
Bajo el cedro todavía,
Se le dio porque traía
Dicho obsequio para ella.
10
Y al entregarle la flor
Sonriente y satisfecho,
Sintió calor en su pecho
Y en su corazón amor.
Pero desde el comedor
Salió el viejo y gritó así:
“Camilo, llega hasta aquí
A ver si al fin almorzamos,
Que sin almorzar estamos
y esperábamos por ti.”
11
Camilo pone su moro
Enfrente del comedor,
Y Estrella pone la flor
Dentro de un cofre de oro.
Él entra, uniéndose al coro,
Y comienzan a almorzar
No sin antes comentar
En un tono muy mesurado
Que falta mucho ganado
Todavía por trancar.
12
“A la una tú te vas
- le dice entonces Moncada –
Y llevas la novillada
A los potreros de atrás.
Ve con Juan y Nicolás
Que vaya y le diga a Prado
Que asegure a su ganado
- si es que no la va a vender –
Porque me van a poner
Las cercas en mal estado.”
13
Así lento trascurrió
El día en su desencanto,
Hasta que el oscuro manto
De la noche lo envolvió.
Camilo se recogió
- no porque el sueño descuella –,
Pues le fue la noche aquella
De dudas torturadoras
Y se pasó muchas horas
Delirando por Estrella.
14
Las tres de la madrugada
Toca un cronómetro viejo,
Y él se tira con despejo,
Sin haber dormido nada.
En la cocina Moncada
Habla con doña María
Y le dice: “Todavía
Nicolás está dormido
Y ni Juan ni Tito han ido
A ordeñar la vaquería.”
15
“Felices, doña María,
Igual a usted, don Patricio”
- les dice, pasando el quicio,
Camilo, por cortesía.
“! Recoge la vaquería
Para el ordeño adecuado!”,
le dice muy sosegado
El señor dueño a Camilo,
Y este sale con sigilo
Para cumplir lo mandado.
16
Se interna por los breñales
Recolectando el ganado
Y canta sugestionado
Décimas sentimentales.
Argumentos pasionales
Que en uno de ellos decía:
Cuándo se llegará al día
Que tanto mi alma desea
Que a mi derecha te vea
Y pueda nombrarte mía
17
Ilusión, dulce ilusión
- sigue Camilo diciendo -,
Por amor está sufriendo
Torturas mi corazón.
El tedio y la confusión
Me abaten constantemente
Y pido al Omnipotente,
Mi Diosa, que pueda hablarte
Para entonces declararte
Todo lo que mi alma siente.
18
Sin embargo, aquel sensible
Montero que así cantaba,
Reconocía que estaba
Prendado de lo imposible.
Por eso, más apacible
Siguió buscando el ganado,
Aunque bastante afectado
Porque a solas presentía
Que suyo nunca sería
Aquello que había soñado.
19
Moncada en conversación
En la mesa dijo un día
Que para Estrella quería
Un hombre de “posición”
Jamás a un pobre peón
Extraviado y sin un kilo.
Y en los ojos de Camilo
Dos lágrimas desprendidas
Corrieron despavoridas
Como las aguas del Nilo.
20
Y aquella conversación
Fue la que tuvo a Camilo
Constantemente intranquilo
Sin remedio a su aflicción.
Mejorar su situación
Era lo que pretendía
Procurando ver si un día
Con Estrella se casaba,
Por eso a veces compraba
Billetes de Lotería.
21
Y en esa meditación
Horrible, como ninguna
Recogía una por una
Las vacas de aquel cuartón.
Y dado a la ocupación
De ordeñar aquel ganado
Llegó Moncada apurado
Y dijo: “Al aclarar
Empiézate a preparar,
Que tienes que ir al poblado.”
22
“El bayo de Nicolás,
que está en el rincón aquel,
lo ensillas, montas en él
y llévate otro detrás.
Hasta el pueblo llegarás
Y en el barrio Julio Mella
Procura al doctor Arniella,
Abogado de renombre,
Que vendrá acá ese buen hombre,
Ya que es el novio de Estrella.”
23
Camilo llegó al poblado
Y tanto y tanto indagó
Hasta que al fin encontró
La casa del abogado.
Le da el aviso al criado
Y este, muy discreto, llama
Por el doctor, en su cama
Se despierta sonriendo
Y sale al portal luciendo
Un elegante pijama.
24
Saluda al joven montero
Y Camilo cortésmente
Le contesta sonriente
Quitándose su sombrero.
Y le dice: “Caballero,
Por mandatos de Moncada
Le traje bestia equipada
Para que vaya a su hogar
En cuyo bello lugar
Es su vista esperada”
25
“Muy bien. Espere un momento
que yo tome el desayuno”,
y al humillado montuno
le dio en el portal asiento.
Fingiendo hallarse contento
Camilo meció el sillón
Y en esto salió Marión,
Hermana carnal de Arniella,
Y aquel montero con ella
Entabló conversación.
26
Marión pregunta a Camilo
- con visos de vanidad-
si en aquella soledad
podía vivir tranquilo.
Y con delicado estilo
Camilo le contestó.
“A mi no me apena, no,
porque mi difunto padre
desde que faltó mi madre
al campo me dedicó.”
27
“Huerfanito me quedé
en casa de don Patricio,
y anhelando algún oficio
al campo me dediqué.
Y hoy soy dichoso, porque
La campiña me entretiene
Y aunque yo si a mano viene
Soporte mis aflicciones,
Pero que preocupaciones
Hoy todo el mundo las tiene.”
28
Echóse a reír Marión,
Y ahogando triste suspiro
Calló, porque aquel guajiro
Le inspiraba compasión.
Y buscando variación
Para la entrevista aquella
Habló con calor de Estrella
Afirmando con bondad
Los vínculos de amistad
Entre los Moncada y ella.
29
Salió el joven abogado
Con sus guantes y su fuete
Y como un hábil jinete
Subió al caballo dorado.
Camilo determinado
Imitó la misma acción
Llevando en su corazón
Como indisoluble huella
Una mirada de Estrella
Junto al adiós de Marión.
30
Y a medida que tomaron
El camino orientador,
El montero y el doctor
A la charla se entregaron.
Primeramente trataron
Algo de la vaquería,
La finca y la serventía
Que cruza la tierra aquella,
Y después mencionó Arniella
La mujer a quien quería.
31
El doctor dijo impaciente
“Por Estrella amo es coto,
Pero hace tiempo la noto
Distraída y displaciente.”
Contestó: “Mire, doctor,
Estrellita en su interior
Tiene un pebetero intacto
Donde se impregna el extracto
Del incienso de su amor.”
32
El abogado miró
De una manera indecisa
Y en su boca una sonrisa,
Forzada, se dibujó.
Se repuso y agregó:
“Quiero con ansias tales
que de aquellos arrabales
pienso sacarla enseguida
porque allí pasa su vida
entre yerbas y animales.”
33
Y tras del serio prejuicio
A las bestias excitaron
Y al poco rato llegaron
Al hogar de don Patricio.
Incomparable bullicio
En el portal se produjo.
El doctor salta con lujo
Ante un perro que les ladra
Y Camilo hasta la cuadra
Los dos caballos condujo.
34
“Muchacho, cómo has saltado”,
Le grita doña María,
Y con profunda alegría
Abraza a recién llagado.
Él, un tanto contrariado,
Pregunta por Estrellita;
La madre a salir la invita
Y ella dice en buen lenguaje:
“Me estoy cambiando de traje,
Dígale que voy ahorita.”
35
Empiezan a conversar
Arniella y doña María
En torno a la vaquería
Y a las plantas sin podar.
Y ya después de tratar
Sin límites del ambiente
Sale Estrella, indiferente
En su traje de arrebol,
Con la brillantez del sol
Que nos regala el oriente.
36
El doctor deja su asiento
Para saludar a Estrella
Y comprende que hay en ella
Un frío retraimiento.
Pero sin perder su aliento
Sale a tenderle sus brazos
Y ella, entre encajes y lazos,
Le da la mano con calma
Como si viera su alma
Cayéndose a pedazos.
37
Arniella toma por fin
De la mano a su adorada
Y van hasta la enramada
Que da sombra en el jardín.
Ella le obsequia un jazmín,
Y él, aspirando su olor
Suave y embalsamador
Que da el jazmín perfumado
Se aprieta más de su lado
Y le conversa de amor.
38
Llaga Moncada; al momento
Lo siente llegar Estrella,
Y con el doctor Arniella
Se amplía el recibimiento.
“Al fin, en nuestro aposento”,
le dice el viejo al doctor.
“En su casa, si señor,
donde tan dichoso vive
trabaja, piensa y recibe
el aire saturador.”
39
Aquella noche, en la casa
Familiar de don Patricio
En animado bullicio
Toda la gente se pasa.
Una lechona se asa,
Se coce un arroz con pollo,
Y en el franco desarrollo
De la parranda estupenda
Un poeta de la hacienda
Ofrece un punto criollo.
40
Y como que en la reunión
No hay más muchachas que ella
El poeta para Estrella
Hace una composición.
Celebra su perfección,
Su fino porte y su estilo
Como una Venus de Milo,
Cleopatra, Aspasia o Helena,
Y al fin de esa cantinela
Empieza a cantar Camilo.
(Continuará...)
Y aquella conversación
Fue la que tuvo a Camilo
Constantemente intranquilo
Sin remedio a su aflicción.
Mejorar su situación
Era lo que pretendía
Procurando ver si un día
Con Estrella se casaba,
Por eso a veces compraba
Billetes de Lotería.
21
Y en esa meditación
Horrible, como ninguna
Recogía una por una
Las vacas de aquel cuartón.
Y dado a la ocupación
De ordeñar aquel ganado
Llegó Moncada apurado
Y dijo: “Al aclarar
Empiézate a preparar,
Que tienes que ir al poblado.”
22
“El bayo de Nicolás,
que está en el rincón aquel,
lo ensillas, montas en él
y llévate otro detrás.
Hasta el pueblo llegarás
Y en el barrio Julio Mella
Procura al doctor Arniella,
Abogado de renombre,
Que vendrá acá ese buen hombre,
Ya que es el novio de Estrella.”
23
Camilo llegó al poblado
Y tanto y tanto indagó
Hasta que al fin encontró
La casa del abogado.
Le da el aviso al criado
Y este, muy discreto, llama
Por el doctor, en su cama
Se despierta sonriendo
Y sale al portal luciendo
Un elegante pijama.
24
Saluda al joven montero
Y Camilo cortésmente
Le contesta sonriente
Quitándose su sombrero.
Y le dice: “Caballero,
Por mandatos de Moncada
Le traje bestia equipada
Para que vaya a su hogar
En cuyo bello lugar
Es su vista esperada”
25
“Muy bien. Espere un momento
que yo tome el desayuno”,
y al humillado montuno
le dio en el portal asiento.
Fingiendo hallarse contento
Camilo meció el sillón
Y en esto salió Marión,
Hermana carnal de Arniella,
Y aquel montero con ella
Entabló conversación.
26
Marión pregunta a Camilo
- con visos de vanidad-
si en aquella soledad
podía vivir tranquilo.
Y con delicado estilo
Camilo le contestó.
“A mi no me apena, no,
porque mi difunto padre
desde que faltó mi madre
al campo me dedicó.”
27
“Huerfanito me quedé
en casa de don Patricio,
y anhelando algún oficio
al campo me dediqué.
Y hoy soy dichoso, porque
La campiña me entretiene
Y aunque yo si a mano viene
Soporte mis aflicciones,
Pero que preocupaciones
Hoy todo el mundo las tiene.”
28
Echóse a reír Marión,
Y ahogando triste suspiro
Calló, porque aquel guajiro
Le inspiraba compasión.
Y buscando variación
Para la entrevista aquella
Habló con calor de Estrella
Afirmando con bondad
Los vínculos de amistad
Entre los Moncada y ella.
29
Salió el joven abogado
Con sus guantes y su fuete
Y como un hábil jinete
Subió al caballo dorado.
Camilo determinado
Imitó la misma acción
Llevando en su corazón
Como indisoluble huella
Una mirada de Estrella
Junto al adiós de Marión.
30
Y a medida que tomaron
El camino orientador,
El montero y el doctor
A la charla se entregaron.
Primeramente trataron
Algo de la vaquería,
La finca y la serventía
Que cruza la tierra aquella,
Y después mencionó Arniella
La mujer a quien quería.
31
El doctor dijo impaciente
“Por Estrella amo es coto,
Pero hace tiempo la noto
Distraída y displaciente.”
Contestó: “Mire, doctor,
Estrellita en su interior
Tiene un pebetero intacto
Donde se impregna el extracto
Del incienso de su amor.”
32
El abogado miró
De una manera indecisa
Y en su boca una sonrisa,
Forzada, se dibujó.
Se repuso y agregó:
“Quiero con ansias tales
que de aquellos arrabales
pienso sacarla enseguida
porque allí pasa su vida
entre yerbas y animales.”
33
Y tras del serio prejuicio
A las bestias excitaron
Y al poco rato llegaron
Al hogar de don Patricio.
Incomparable bullicio
En el portal se produjo.
El doctor salta con lujo
Ante un perro que les ladra
Y Camilo hasta la cuadra
Los dos caballos condujo.
34
“Muchacho, cómo has saltado”,
Le grita doña María,
Y con profunda alegría
Abraza a recién llagado.
Él, un tanto contrariado,
Pregunta por Estrellita;
La madre a salir la invita
Y ella dice en buen lenguaje:
“Me estoy cambiando de traje,
Dígale que voy ahorita.”
35
Empiezan a conversar
Arniella y doña María
En torno a la vaquería
Y a las plantas sin podar.
Y ya después de tratar
Sin límites del ambiente
Sale Estrella, indiferente
En su traje de arrebol,
Con la brillantez del sol
Que nos regala el oriente.
36
El doctor deja su asiento
Para saludar a Estrella
Y comprende que hay en ella
Un frío retraimiento.
Pero sin perder su aliento
Sale a tenderle sus brazos
Y ella, entre encajes y lazos,
Le da la mano con calma
Como si viera su alma
Cayéndose a pedazos.
37
Arniella toma por fin
De la mano a su adorada
Y van hasta la enramada
Que da sombra en el jardín.
Ella le obsequia un jazmín,
Y él, aspirando su olor
Suave y embalsamador
Que da el jazmín perfumado
Se aprieta más de su lado
Y le conversa de amor.
38
Llaga Moncada; al momento
Lo siente llegar Estrella,
Y con el doctor Arniella
Se amplía el recibimiento.
“Al fin, en nuestro aposento”,
le dice el viejo al doctor.
“En su casa, si señor,
donde tan dichoso vive
trabaja, piensa y recibe
el aire saturador.”
39
Aquella noche, en la casa
Familiar de don Patricio
En animado bullicio
Toda la gente se pasa.
Una lechona se asa,
Se coce un arroz con pollo,
Y en el franco desarrollo
De la parranda estupenda
Un poeta de la hacienda
Ofrece un punto criollo.
40
Y como que en la reunión
No hay más muchachas que ella
El poeta para Estrella
Hace una composición.
Celebra su perfección,
Su fino porte y su estilo
Como una Venus de Milo,
Cleopatra, Aspasia o Helena,
Y al fin de esa cantinela
Empieza a cantar Camilo.
(Continuará...)
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